El miedo es una emoción básica normal en la infancia. Entre un 30% y un 50% de la población infantil presenta uno o más miedos intensos aunque no todos ellos tienen significación clínica. Aunque, a veces, los miedos pueden evolucionar en dificultades como la fobia infantil, llegando a estar en una tasa de entre el 3% y el 9% de la población.
Los miedos infantiles son un proceso psicológico habitual y es parte del desarrollo evolutivo del niño. Se trata de una de las emociones básicas de los seres humanos y, como tal, tiene un valor adaptativo al medio y lógicamente, para su desarrollo como proceso, es necesario un aprendizaje por parte del niño, a un nivel tanto consciente como inconsciente.
Se considera comúnmente una emoción desagradable por su matiz de incomodidad, lo cual no quiere decir que no sea relevante y apropiado.
En realidad, el miedo cumple una función de supervivencia, y cuando es así, es un miedo apropiado. Sin embargo, en otros casos, la emoción de miedo se convierte en desadaptativa. Éste es el caso de miedos que no obedecen a un peligro potencial directo.
Son diversos los tipos de miedo que se desarrollan en la etapa infantil. Entre ellos se encuentran el miedo a la oscuridad, miedo a quedarse sólo, miedo a los monstruos o el miedo al colegio. Habitualmente los miedos infantiles van desapareciendo con la edad. En otros casos, pueden convertirse en patologías y podrían derivar en una serie de trastornos psicológicos como el caso de ansiedad y depresión, aunque no tiene por qué ser lo habitual.
Según Ollendick y Hersen (1993) y Banus (2011), existen diferentes miedos que van a apareciendo en las distintas etapas evolutivas de los niños.
A continuación se presentan dichas etapas y los principales miedos asociados.
Etapa de primera infancia (de 1 a 3 años): los bebés comienzan a expresar miedo a partir de los 6 meses (Banus, 2011). A partir de entonces pueden sentir miedos como a los extraños, las alturas y ruidos fuertes. El miedo a la separación de los padres es otra parte importante del desarrollo que surge a partir del año.
Etapa preescolar (de 3 a 5 años): se mantienen los miedos de la etapa anterior y se suma una serie de miedos como los relacionados con el miedo a la oscuridad, los monstruos, los fantasmas y en general, miedos imaginarios.
Etapa escolar (de 6 a 11 años): Habitualmente desaparecen los miedos más imaginarios de la etapa anterior y empiezan a aparecer miedos más concretos. Miedos ligados a la sangre, las inyecciones, al daño físico, miedos asociados al fracaso escolar, miedo hacia compañeros de colegio entre otros.
Etapa de la pubertad o preadolescencia (de 12 a 15 años): los miedos van cambiando y ahora se centran más en preocupaciones por sentirse rechazados por los otros, por ser criticados, y los relacionados con sus propios cambios físicos.
Etapa de la adolescencia: continúan algunos de los miedos de la etapa anterior. Se desarrollan habitualmente más fuertemente los enmarcados en las relaciones interpersonales, logros académicos, etc.
Independientemente de estos miedos evolutivos habituales en la etapa infantil y adolescente, existen otros miedos denominados ambientales que no tienen nada que ver con la propia evolución de los seres humanos, sino que están muy relacionados con el contexto que vive el niño y su aprendizaje.
Los miedos pueden transformarse o evolucionar a fobias o incluso a un proceso de ansiedad. Esto ocurre cuando se cronifican de alguna manera. Aunque no es lo habitual.
Decía Marie Curie, “Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender”. Y en mi opinión, a veces para entender, es necesario “experienciar”.
Desde la PHI se trabaja el miedo como una emoción básica y se acompaña de manera que el niño pueda sentirlo, nombrarlo y experienciarlo hasta que cambie su forma de una manera natural.
Espero que el artículo haya sido útil para todos.
“En Galene Colmenar te acompañamos psicológicamente a cambiar y recuperar tu bienestar emocional y añadir calidad de vida”
Psicología y Psicoterapia en la Sierra Norte de Madrid.
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